En el lienzo, el torero se convierte en color y movimiento. Cada pincelada captura la esencia de la lidia, la danza entre el hombre y el toro. En estas pinturas, el estudio del movimiento se traduce en una explosión de vida:
En estas obras, el torero no solo desafía al toro; desafía la esencia misma de la existencia. El arte se convierte en un ritual, y el espectador queda atrapado en la pasión y la intensidad.
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